El suelo es la capa superficial que recubre la corteza terrestre, sobre el que se desarrolla la vida en la Tierra. El suelo está formado por materiales erosionados anteriormente.
Este ecosistema, tiene su propia biocenosis y un biotipo que sufre bastantes cambios.
En el suelo, viven multitud de seres vivos, plantas, animales, hongos y bacterias.
Los componentes inorgánicos del suelo son los siguientes: sólidos (grava, arena, etc), agua con sales minerales disueltas y aire. Entre sus condiciones cabe destacar: la temperatura, la humedad y la falta de luz (salvo en la superficie).
La edafogénesis (proceso de formación y desarrollo de los suelos) necesita un largo período de tiempo para realizarse.
El suelo tiene un gran valor, porque sobre él se desarrollan todos los ecosistemas terrestres. Además, la recuperación de suelos es un proceso muy lento.
Las causas del deterioro del suelo son: contaminación (sustancias tóxicas que no permiten que se utilicen esos suelos para la agricultura), compactación (suelo sin poros) y salinización (se produce con la acumulación de sales minerales en el horizonte superficial).
La pérdida definitiva del suelo se produce generalmente por erosión. Este proceso es denominado desertización cuando es un fenómeno natural o desertificación cuando es artificial.
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